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Cuando tiemblen de pánico infinito
los poderosos que me cobran
Y los pobres poderosos que me exigen que los mire
Temblarán los candorosos románticos de hoy
Y sus miserables usureros
repartirán la copa que besando en miles copos
aportarán la ira necesaria.
como última mirada de ese público ferviente
lagrimeando en las exclusas
los cantos victoriosos
Cuando en señal de miedo levanten sus manos
pusilánimes las monjas
y serenas ante el fuego
los campanarios se derrumben con sus hijas
que son las mismas que nos cagan los sombreros
iremos a contemplar los cadáveres en hileras por los caminos,
iremos a mirar la sonrisa miserable de sus muertos,
iremos a caminar muy lentamente con la mirada embelesada,
sin pensar en los heridos que se hinchan,
sin lamentar sus vidas ni sus viudas.
Sudaremos
como perros moviendo su cola mal oliente
Contemplaremos serenamente nuestros rostros
miraremos cada espejo con la muerte sumamente
del amante
y la caída de la casa hará muy feliz a su cornudo.
Tendremos mucho cuidado en no deslizar un comentario impropio
porque jugaron mal ese partido.
Con indolencia,
como si no pasara nada extraordinario, cantaremos.
Cantaremos al fuego y sangre de esos muertos.
A la fuerza criminal del dictador.
A los gestos de ladrones funcionarios.
A la muerte de los rancios héroes que se inmolan por la patria.
levantaremos nuestros puños como antorchas.
Una aureola alrededor de cada frente será nuestra divisa
Y no se confundan con apóstoles, profetas
ni vendedores ambulantes
y la voz nuestra irá subiendo de volumen cada vez más fuerte,
bella y dulce
como el alba que despunta eliminando tanta cosa oscura.
Abriremos un sumario.
Ni el mirlo de las viudas
ni el pasado será nuestro pasado.
¡ Brindaremos!
Pues la claridad del nuevo día,
hará que vibre el hombre nuevo sonriendo con sus uvas
Luego bajo el sol
se pudrirán los cadáveres perversos muy seriamente
pues nadie abrirá las ánforas siquiera
se purificará la tierra al son de nuestros pechos
como rubios de tercera generación
y muchos otros hombres de igual color podrán morir en libertad
en dulce paz
vegetaremos
los bienaventurados hombres,
los apacibles puros...
a imagen y semejanza de nuestro Dios
vegetaremos
creyendo en el orden natural.
Y como siempre, olvidaremos todo
con intenso éxtasis
como siempre ocurre con las razas superiores.